nosferatuProbablemente no exista una figura mitológica que haya cautivado nuestras mentes de una forma más profunda que la del vampiro. La inquietante presencia de un ser que sobrevive gracias a la sangre de los vivos configuraba, desde lo más profundo de la Historia, la encarnación misma del mal y, por extensión, la suma de todos los comportamientos atávicos que amenazaban la vida en comunidad.

Presente en el folclore de prácticamente todas las sociedades humanas, los lamashtu, los strigoiu, los gules o, simplemente, los vampiros han poblado las pesadillas de todos los pueblos.

Era inevitable que tuvieran su reflejo en las leyendas, mitos y, más modernamente, en las novelas. Y es ahí, con la novela de Bram Stoker, Drácula (1897), en donde el mito del vampiro, aderezado con la figura histórica de Vlad Dracul (Vlad el Empalador), reverdece y adquiere el carácter de mito contemporáneo, amenazante en su anitmodernidad pero siempre presente.

Los cineastas, entre otros artistas, tardaron muy poco en darse cuenta del enorme potencial que tenía la historia que narraba Bram Stoker. F.W. Murnau será el primero (en 1922) que se atreva a llevar a escena la novela de Stoker. Problemas con los derechos de autor le obligarán a modificar los nombres de los personajes, los lugares de la trama e incluso el título. Aun así, su Nosferatu (DVD 4664) constituye por derecho propio una las obras maestras del expresionismo alemán y Max Schreck el Drácula más aterrador de cuantos se han llevado a la pantalla.

Poco después, en 1931, Tod Browning tomaría el testigo para ofrecernos a Bela Lugosi como Drácula (DVD 8069). En la década de los 60 y 70, Christopher Lee encarnará al mito en Drácula, príncipe de las tinieblas (DVD 2685), Drácula vuelve de la tumba (DVD 4284) y El poder de la sangre de Drácula (DVD 5061).

A finales de esa década, el conocido director alemán Werner Herzog nos ofrecerá una readaptación tanto de la novela de Bram Stoker como de la cinta pionera de Murnau en su Nosferatu, fantasma de la noche (DVD 4662).

Pero, quizás, haya sido la obra de Francis Ford Coppola, Drácula, de Bram Stoker (DVD 2686), de 1992, la que haya conferido al mito un sabor a la vez contemporáneo y antiguo. Considerada como la mejor adaptación de la novela de Stoker, posiblemente ha sido Coppola quien mejor ha logrado dotar al personaje de Drácula—encarnado por Gary Oldman—de una doble faz, seductora y terrible, pero siempre fascinante.

Parafraseando a Gary Oldman, Drácula ha cruzado océanos de tiempo para encontrarnos. Y es que el cine puede hacernos creer que lo imposible, en ocasiones, se hace probable.

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