Blade Runner (DVD 10274) es un título con peso en la historia del cine. Los nombres de Ridley Scott y Harrrison Ford estarán siempre asociados a esta película, que no arrasó en taquilla ni ganó el favor unánime de la crítica en su estreno de 1982, pero que, sin embargo, muy pronto fue calificada como obra de culto.

Tres décadas y media después, llega a las pantallas la secuela Blade Runner 2049. Motivo más que suficiente para que la Mediateca desempolve el original y lo proponga para este fin de semana.

Blade Runner describe un futuro en el que la ingeniería genética permite la fabricación de replicantes de los humanos, aunque carentes de su respuesta emocional y de empatía. Tras ser declarados ilegales en la Tierra, su eliminación corre al cargo del cuerpo especial de la policía que da nombre al film. Rick Deckard (Ford), un agente retirado, es llamado para dar caza a un grupo del último modelo (Nexus 6) que anda suelto por Los Angeles.

Roy (Rutger Hauer) y Deckard (Harrison Ford) frente a frente en el tejado del edificio Bradbury

Como puedes ver, el argumento es propio de la ciencia ficción, pero integra elementos del cine negro en una atmósfera futurista de estética cyberpunk. Un curioso envoltorio para una reflexión sobre la condición humana, resumida en el famoso monólogo del líder replicante Roy Batty («Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir»). Hoy nada de esto resulta sorprendente, pero en su momento descolocó a más de uno. De ahí las críticas contradictorias de la prensa especializada y el escaso éxito comercial (mayor fuera que dentro de los Estados Unidos). Las quejas se centraban, sobre todo, en el ritmo lento y en un -supuesto- abuso de los efectos especiales en detrimento de la historia humana. Los partidiarios, en cambio, valoraron positivamente esos «defectos»: cuidado por el detalle y la ambientación, plasmación de la deshumanización en un futuro distópico, etc.

Sean Young como Rachael, la replicante experimental a la que protege Deckard

Al rodar Blade Runner, Scott traía consigo un bagaje escaso, pero prometedor: Los duelistas (1977) y Alien, el octavo pasajero (1979). Para su tercer proyecto echó mano de una novela corta de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968); y, si bien el éxito de la película casi hizo olvidar al relato original (distinto en más de un aspecto), también sirvió para poner en la mira de Hollywood al prolífico escritor, con un puñado de largometrajes (Desafío total, Minority Report, Paycheck, Next) y alguna que otra serie (The Man in the High Castle, la recientísima Philip K. Dick’s Electric Dreams). A Scott le afianzó el prestigio conseguido con su dos películas anteriores; y para Harrison Ford supuso la oportunidad de un papel dramático tras el Han Solo de Star Wars y el Indiana Jones de En busca del Arca perdida.

Como en toda buena película del género, imagen y música desempeñan un papel importante. La banda sonora, compuesta e interpretada por Vangelis, combina el sonido New Age del sintetizador (y el punto jazzístico del saxo) con melodías que recuerdan, de nuevo, al cine negro. En cuanto a lo visual, Scott se hizo con los servicios del artista conceptual Syd Mead; sus diseños futuristas contribuyeron a lograr unos escenarios que, de hecho, ya se inspiraban en Metrópolis de Fritz Lang y en el dibujo de Moebius.

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