¿Puede el humor ser absurdo e inteligente al mismo tiempo? ¿Y puede triunfar una película con dos directores incompatibles, un actor principal alcohólico, bajo presupuesto y rodada en tan solo un mes? Si eres de los que piensan que no, deberías ver este fin de semana Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (DVD 9087, 9219), Comprobarás que, por difícil que parezca, el milagro es posible. Sobre todo, si lleva la firma de los Monty Python.

Los Phyton eran un sexteto de comediantes que se había hecho famoso en el Reino Unido gracias al Monty Phython’s Flying Circus, espectáculo que produjo la BBC entre 1969 y 1974. Destacaban por su naturaleza anárquica, demostrada en sketches donde satirizaban las convenciones sociales. El salto de la televisión al cine no les hizo torcer el rumbo. Tanto este largometraje, como los dos que lo siguieron (La vida de Brian y El sentido de la vida), parodian a carcajada limpia la historia, la religión, la política, la sociedad y la cultura occidentales.

Sir Robin el-no-tan-valiente-como-Sir-Lancelot se topa al Caballero de las Tres Cabezas

En Monthy Python and the Holy Grail la falta de medios se compensó con ingenio cómico. ¿Que no podemos permitirnos caballos? Pues hacemos que los actores avancen a pie entrechocando unos cocos para imitar el sonido de los cascos. Claro que, puestos a ser surrealistas, véase la escena del conejo asesino y carnívoro y de la Santa Granada de Mano de Antioquía, o la de los terribles caballeros que dicen «Ni»; por no hablar del test de bruja, o del caballero negro que se niega a rendirse aún perdiendo brazos y piernas.

¿Puede haber mejor crítica de la Edad Media y del mito artúrico? Más erudita, seguro. Pero difícilmente con tanta chispa como Graham Chapman, John Cleese, Eric Idle, Terry Gilliam, Terry Jones y Michael Palin. Mira, si no, la escena del campesino anarquista:

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