Si eres visitante asiduo de este blog, sabrás que no le hacemos ascos al cine menos, poco o nada comercial. Ese que los críticos califican de cine minoritario, independiente, de autor, de arte y ensayo, de culto, experimental y con otras mil etiquetas. Es cierto que exige más atención por parte del espectador y que, a veces, nos decepciona; pero también puede depararnos sorpresas agradables. Por ello, en los próximos meses traremos a esta sección algunas «curiosidades» y «rarezas» que creemos merecen la pena.

Hoy, para abrir boca, presentamos una superproducción sobre el Antiguo Egipto… hecha en Polonia en los tiempos del Bloque Socialista y de la disputa mundial entre la Unión Soviética y los Estados Unidos.

Los poderes fácticos del Antiguo Egipto: el faraón y la clase sacerdotal

En honor a la verdad, Faraón (DVD 3024) no fue pensada como una película dirigida a un público selecto. De hecho, concursó en el Festival de Cannes de 1966 y estuvo nominada a los Oscar el año siguiente. Ni siquiera debería extrañar demasiado que un director polaco se interesara en un tema sin relación con la historia de su país en plena Guerra Fría. Al fin y al cabo, Jerzy Kawalerowicz adaptó una novela escrita por su compatriota Bolesław Prus a finales del siglo XIX, en la que narra la ascensión al trono de Egipto de Ramsés XIII y su enfrentamiento con la casta sacerdotal.

Un ejemplo de la cuidada ambientación de la película: sacerdotes con máscaras de Anubis y Horus preparan el cadáver del difunto

El libro se enmarca en una larga tradición literaria polaca de ficción política. Y recalcamos lo de «ficción», porque los acontecimientos que recoge nunca sucedieron en la realidad: no existió ningún Ramsés XIII, ni su padre Ramsés XII, ni tampoco el resto de personajes. Carece de importancia, ya que la trama es verosímil: lo que nos muestra la cinta -desde los edificios hasta los ritos funerarios- sigue teniendo una base arqueológica e histórica más que aceptable. Sobre todo, si la comparamos con las grandes producciones made in U.S.A. tipo Sinuhe el Egipcio (1954) y Cleopatra (1963), ambas magníficos espectáculos, pero pobres en fidelidad histórica.

Barbara Brylska encarna a Kama, la amante del protagonista

Para rodar Pharaoh Kawalerowicz desplegó unos medios equivalentes a los de los grandes presupuestos americanos; claro está, a la medida de Polonia y del Bloque del Este. La producción llevó tres años. Algunas escenas se rodaron en el Egipto auténtico (el presidente Nasser era aliado de la U.R.S.S.), pero los interiores y el Nilo se recrearon en la misma Polonia. Las escenas de masas se filmaron en un desierto de la entonces república soviética de Uzbekistán, bajo un sol abrasador, la amenaza de arañas y serpientes venenosas, y con la colaboración de los soldados del Ejército Rojo allí destinados.

Quien busque en este filme el glamur y el fasto de Hollywood, o un blockbuster pletórico de acción y de efectos especiales, se llevará una chasco. Faraón es una reflexión, sobria y meticulosa, acerca del poder, la religión, el sexo, o los conflictos generacionales. Encontrarás más detalles en los extras de la edición para coleccionista de la Mediateca; incluyen sendas entrevistas al director y a Rafael de España, un reputado especialista en cine histórico.

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