El cine está tan presente en nuestras vidas, que podemos llegar a pensar que ha existido siempre. En realidad, tiene poco más de un siglo de antigüedad, un suspiro de tiempo comparado con las bellas artes clásicas. Y, a diferencia de estas, sí posee acta precisa de nacimiento. El 22 de marzo de 1895, Auguste y Louis Lumière proyectaban en París Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir, considerada la primera película de la Historia. Nueve meses después tenía lugar la primera proyección con público, programa y entrada de pago. ¡Arrancaba la apasionante aventura del cine!

Auguste y Louis Lumière, inventores del cinematógrafo y del séptimo arte

Los hermanos Lumière no fueron los primeros en interesarse por recrear imágenes en movimiento, pero sí los que dieron con el medio adecuado: el cinematógrafo. Quizá tampoco fueran los más ambiciosos a la hora de explotar sus enormes posibilidades artísticas, mérito que correspondería, entre otros, al también francés Georges Méliès (no hace mucho lo recordaba una exposición en Las Palmas de Gran Canaria). Sin embargo, y pese a lo dicho, suyo es el honor de haber sentado las bases del cine entendido como arte y espectáculo (y, sin pretenderlo, de una debate al que casi mejor tomarse a broma).

Esto es lo que intenta mostrarnos Thierry Frémaux en su documental ¡Lumière! Comienza la aventura (DVD 10809). Un recorrido por 114 de las más de 1.400 películas que ellos y un centenar de operadores a sus órdenes filmaron entre 1895 y 1905. Cortos de apenas 50 segundos (restaurados ahora en 4K) en los que el director de L’Institut Lumière descubre un sentido de puesta en escena: hay encuadres, travellings, efectos especiales, composiciones en varios planos, hasta una incipiente dirección de actores. ¡Y todo en menos de un minuto de duración!

Una de las tres versiones de la mítica «La Sortie de l’usine Lumière à Lyon», también conocida como «La Sortie des usines Lumière» (1895)

Por razones obvias, la inmensa mayoría de las filmaciones se hicieron en Francia, aunque no falten ejemplos de rodajes fuera de sus fronteras. De ahí su valor -aparte del estético- de memoria de un mundo ya lejano, al que la magia del cine rescata del olvido como ninguna otra técnica. Pero, sobre todo, la propuesta de Frémux es un viaje por los orígenes de un arte que pronto sería de masas.

El primer cartel de cine de la historia: «L’arroseur arrosé» (1895)

Aunque no sea fácil, acércate sin ideas preconcebidas a estos fragmentos cinematográficos. Ponte en el lugar de las personas que en 1895 vieron aparecer en la pantalla a los obreros de aquella fábrica en Lyon; o en el de las que, un año más tarde, contemplaron cómo un tren se les aproximaba en diagonal. Observa la plasticidad de las hojas movidas por el viento y las volutas de humo. Cae en la cuenta de que El regador regado es la primera película (ficción dramatizada, no mero documento) de la historia. Hazlo y asistirás al milagro del cine.

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