En la historia del cine ha habido vampiros para todos los gustos y colores. Pero, que sepamos, la combinación que nos trae la película de este fin de semana es única: un trío de chupasangres neozelandeses, que comparten piso en un caserón de un barrio residencial y procuran adaptarse a la vida moderna. Su rutina se ve alterada cuando transforman a un «invitado» a cenar en otro no muerto y tienen que enseñarle de qué va eso de la (no) vida en las Tinieblas…

Lo que hacemos en las sombras (DVD 10591) es una cinta escrita, dirigida y protagonizada por Jemaine Clement y Taika Waititi (el segundo quizá te suene algo porque el año pasado dirigió Thor: Ragnarok). Durante 86 minutos ruedan un falso documental que pretende desentrañar los misterios de «una sociedad secreta» formada por Viago («un dandy del siglo XVIII»), Deacon («el joven y el malote del grupo») y el «un poco pervertido» Vladislav.

En otras manos, habría sido el germen de la enésima producción sobre las míticas criaturas hematófagas. En las de nuestra pareja neozelandesa, muta en una comedia negra disparatada. Viago y sus compañeros discuten por el pago del alquiler y la distribución de las tareas domésticas, frecuentan clubes nocturnos y, en definitiva, aspiran a una existencia normal (con la pequeña salvedad de que son inmortales y se alimentan de sangre humana). Y, en el empeño, asumen que la condición de vampiro puede ser un coñazo.

Viago (Taika Waititi), Deacon (Jonny Brugh) y Vladislav (Jemaine Clement) se disponen a romper la noche

La idea se remonta a 2005, cuando Waititi y Clement filmaron un mediometraje titulado What We Do in the Shadows: Interviews with Some Vampires. Cinco años después, Vincent Lannoo partió de una premisa similar en Vampires, mockumentary (de mock, burla) sobre una familia de vampiros belgas francófonos que se alimenta de inmigrantes ilegales. Por otro lado, el tono gamberro recuerda al de The Young Ones, una telecomedia de culto británica de los años 80. Incluso, hay cierta reminiscencia de la vena burlona de los Monty Python.

La clave de Lo que hacemos en las sombras reside en el contraste absurdo entre lo cotidiano y lo fantástico. Su humor se nutre también de gags puramente visuales y de equívocos lingüísticos, aunque para apreciar estos últimos haya que recurrir a la VOSE. Desde luego, no es una comedia que vaya a pasar a los anales del séptimo arte. Pero sí que resulta una manera ingeniosa y divertida de darle otra vuelta de rosca a un arquetipo necesitado, precisamente, de sangre nueva.

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