En un mes y pico se nos han ido dos estrellas femeninas de la música. En agosto, mientras The End estaba cerrado por vacaciones, fallecía Aretha Franklin, una de las máximas exponentes del soul. Ahora le ha tocado el turno a Montserrat Caballé.

Incluso a las personas que no son amantes de la ópera, el nombre de esta soprano catalana seguramente les resultará familiar. En los últimos tiempos, sus problemas con Hacienda y de salud amenazaron con eclipsar sus logros artísticos. Pero nada puede deslucir el hecho de que, con su muerte, perdemos a una de las principales voces líricas del siglo XX, dicen que a la altura de la mismísima Maria Callas.

El apogeo de su carrera vino a raíz del éxito inesperado de su Lucrecia Borgia en Nueva York en 1965. A partir de entonces, actuaría en las mejores salas, con los mejores repartos y acompañada de las mejores orquestas dirigidas por los mejores directores. Su reperterio fue extenso, desde la Serpina de La serva padrona de Pergolesi (1733) a la Salomé de Richard Strauss (1905), haciendo énfasis en los maestros del Bel canto: Bellini (Norma), Donizetti (La favorita), Verdi (La Traviata, Aida), Puccini (Tosca, La Bohème, Madame Butterfly). También probó con la música popular. Famosa es su intrepretación junto a Freddie Mercury del tema Barcelona, aquel himno de los Juegos Olímpicos de 1992:

En la Mediateca encontrarás algunas grabaciones de «la Caballé». Puedes hacerte una idea de su calidad escuchando los recopilatorios de arias y canciones, o el registro del Così fan tutte de Mozart junto a Janet Baker. Por supuesto, los compositores italianos: en DVD, Norma de Bellini; en CD, Lucia di Lammermoor de Donizetti, La Gioconda de Ponchielli y Don Carlo de Verdi. Y si lo tuyo es el vinilo, la Biblioteca Universitaria cuenta con una docena de discos a 33 r.p.m.: selecciones de arias, óperas de Rossini, Donizetti y Arrigo Boto, zarzuelas de Amadeo Vives y Rafael Millán, y canciones de su paisano Federico Mompou.

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