El Hollywood dorado (el periodo del cine estadounidense que abarca de los años 20 a 50 del siglo XX) todavía ejerce una atracción poderosa en los amantes del séptimo arte. En esta valoración hay bastante de mito, ya que ni el Studio System era una organización modélica, ni el brillo de las estrellas del celuloide tan auténtico, ni cada una de aquellas producciones fue una obra maestra.

Por eso, con la vista puesta ya en los Óscar, te puede interesar una película como la que proponemos este mes. Una mirada al viejo Hollywood, a la manera de los Coen, garantiza la dosis justa de humor corrosivo para desmitificar una época irrepetible.

A estas alturas, Joel y Ethan Coen no necesitan mucha presentación. Quizá sean -con permiso de Steven Spielberg- los cineastas más icónicos de las últimas décadas. Pero, también, unos enfants terribles, dos niños grandes a los que les gusta mezclar el drama, lo cómico y lo excéntrico; que igual se atreven con un western (Valor de ley) que con un thriller (No es país para viejos); que tanto se marcan una comedia pasada de rosca (El gran Lebowski), que una comedia negra de crímenes (Fargo); que utilizan la música para reírse del racismo (O Brother!), o narrar el fracaso de un sueño (A propósito de Llewyn Davis). No siempre gustan, pero lo que nadie puede cuestionarles es que poseen un sello cinematográfico propio.

George Clooney parece encontrarse muy a gusto riéndose de sí mismo en las películas de los Coen

En ¡Ave, César! (DVD 10800) podemos disfrutar del lado más lúdico, irónico y satírico de los Coen. Si en Barton Fink el protagonista era un guionista mentalmente bloqueado, en esta ocasión nos trasladan al Hollywood de los 50. Durante 24 horas, seguimos a Eddie Mannix, en tipo encargado de resolver discretamente los líos en que se meten las estrellas de Capitol Pictures (el mismo estudio ficticio que contrata a Fink). Precisamente una de ellas, Baird Whitlock, es secuestrado durante el rodaje de la superproducción bíblica a la que da título la cinta.

Lo que sigue es un desternillante carrusel de personajes y situaciones, absurdas y ridículas, pero con un sustento más o menos real. El mismo Mannix es el prototipo de varios productores «para todo»; Whitlock podría ser perfectamente un Kirk Douglas poco espabilado; los guionistas marxistas son una referencia obvia a la histeria anticomunista del macartismo; la actriz de embarazo problemático se inspira en la famosa Esther Williams; el cowboy-actor paleto al que pretenden transformar en galán seductor, se basa en un homólogo televisivo de los 50; el famoso director europeo al borde del colapso nervioso, señala a la diáspora de cineastas del Viejo Continente que hicieron carrera en los Estados Unidos desde antes de la Segunda Guerra Mundial; el bailarín Burt Gurney recuerda al gran Gene Kelly; las gemelas periodistas que acosan a Mannix son el espejo de unas conocidas columnistas rivales de la época…

Scarlett Johansson, a lo Esther Williams

Para dar cuerpo a este guion de cosecha propia, los Coen reunieron un elenco de superestrellas: George Clooney, que repetía por cuarta vez con ellos y había insistido en que el proyecto viera la luz, hace el papel de Whitlock; Josh Brolin, otro asiduo de los hermanos, el rol del estresado Mannix; Scarlett Johansson es la actriz-nadadora DeeAnna Moran; Ralph Fiennes, el director Laurence Laurentz; etc. Sin embargo, el resultado no fue del todo satisfactorio. La crítica estuvo dividada y no alcanzó un éxito arrollador de público. Al no dejar títere con cabeza, a Joel y Ethan quizá se les fuera la mano con el esperpento y el cinismo. Pero, en el fondo, hay tanto de parodia y crítica, como de homenaje y hasta añoranza, al Hollywood clásico.

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