En los primeros días del mes fallecían José Luis Cuerda y Kirk Douglas. Si el director español nos deja una obra con títulos como El bosque animado, Amanece, que no es poco y La lengua de las mariposas, la muerte del centenario actor significa la desaparición del último mito masculino del Hollywood clásico. Naturalmente, hoy te proponemos una de sus muchas y buenas películas: Cautivos del mal (DVD 1987).

Este hijo de inmigrantes judíos rusos, dueño de un físico inconfundible y de un carácter temperamental, nunca ganó un Óscar al mejor actor, aunque estuvo nominado tres veces. La primera fue por su rol pugilista en El ídolo de barro (1949), una mirada al mundo del boxeo despojada de cualquier atisbo apologético. En la misma línea desmitificadora, pero enfocado al periodismo, El gran carnaval (1951) forjó la reputación de Douglas como actor. En Cautivos del mal (1952) ahonda en esta faceta antiheróica, encarnando a un productor de cine ambicioso y sin escrúpulos.

Jonathan Shields (Kirk Douglas) en labores de dirección

El título original The Bad and the Beautiful proviene del relato corto Memorial to a Bad Man, inspirado en un conocido productor de Broadway. El guionista Charles Schnee lo cambió (junto a otros detalles) a Tribute to a Bad Man, tomando ahora de modelo, además, a los famosos productores cinematográficos Irving G. Thalberg (El gran desfile) y, sobre todo, David O. Selznick (Lo que el viento se llevó). Finalmente, como quiera que «mal hombre» sonaba demasiado a wéstern, y que había que buscar un título que hiciese referencia a la coprotagonista femenina (ella, y no Kirk, encabezaría los créditos), acabó transformado en ese «El malo y la bella».

De izquierda a derecha: Barry Sullivan, Lana Turner y Dick Powell

El malo, por supuesto, era Kirk Douglas. Su Jonathan Shields es un tipo manipulador, incluso cruel, capaz de engañar, traicionar y de sacrificarlo todo por el éxito. Se comprende que a Selznik no le gustara la imagen, aunque decidió ver en ella un homenaje antes que una crítica. Al fin y al cabo, los métodos de Shields, su egoísmo, contribuyen decisivamente a impulsar las trayectorias profesionales de las mismas personas a las que hiere. Que son las tres que van desvelando su relación con él por medio de sucesivos flashbacks: «la bella» es Georgia Lorrison, interpretada por una Lana Turner en el apogeo de su carrera, se inspira en Diana Barrymore, Joan Fontaine y en sí misma; Dick Powell hace del escritor-guionista James Lee Bartlow, probablemente una referencia al legendario Herman J. Mankiewicz (Ciudadano Kane); y Barry Sullivan es Fred Amiel, el primer director de Shields.

Cautivos del mal en cierto modo es un documental sobre una etapa del cine americano clásico y sus protagonistas

Dirige Vincente Minnelli, cuyo musical Un americano en París ganaría el Óscar a la mejor película en la ceremonia de 1952. En la siguiente (la primera televisada), Cautivos del mal se alzó con cinco estatuillas, siendo el largometraje más premiado, aunque en ninguna de las categorías grandes. Tampoco tuvo suerte Douglas en su segunda nominación a mejor actor. Y ello a pesar de que su interpretación y la propia película reunían los requisitos para triunfar. Quizá el retrato que hacía del cine de la época (la acción transcurre entre 1935 y 1953, aproximadamente) se juzgó feroz en exceso. O, tal vez, no se supo apreciar debidamente su recreación de la figura del productor, eslabón clave en la fábrica de sueños de aquel Hollywood dorado. En cualquier caso, nos quedan escenas memorables como esta entre Shields y Von Ellstein:

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