En pleno debate sobre la imagen de la mujer en la música, es oportuno recordar a aquellas que han triunfado sin recurrir al gancho sexual omnipresente en el actual mercado internacional. Es el caso de Adele, quien debutó en 2008 apoyada en una voz sólida y un indudable talento.

La cantante británica tenía entonces la edad del título de aquel 19 (CD 417). En cierto modo, era un producto del revival del jazz, el soul, el blues y el R&B que experimentaba su país a raíz del fenómeno Amy Winehouse. Influencias todas  que encajaban perfectamente en el registro vocal de mezzosoprano de la joven Adele Adkins. Un equipo de tres productores de la discográfica independiente XL, liderado por Jim Abbis, trabajó en las doce canciones que se incluyeron en el disco; todas, menos una, escritas por ella en solitario o en colaboración.

El álbum salió a la venta a finales de enero de 2008, precedido de dos sencillos: Hometown Glory, la primera canción compuesta por Adele, dominada por el sonido del piano; y Chasing Pavements, una balada soul, con influencias jazz y rock, producto de un desengaño amoroso:

Chasing Paviments tuvo un éxito moderado, aunque en el Reino Unido fue número 1. El del tercer single, Cold Shoulder, fue comparativamente menor, pese a su lograda mezcla de ritmos bailables (funk, trip hop, breakbeat, Northern soul):

Por último, Make You Feel My Love es una versión de la canción de Bob Dylan compuesta para su álbum de 1997 Time Out of Mind. Una sentida declaración de amor que emociona escuchar en la voz de Adele:

19 mostró el potencial de una estrella mundial en ciernes. En Estados Unidos no terminó de convencer hasta su presentación en el Saturday Night Live y de que ganase dos premios Grammy (mejor artista novel y mejor interpretación vocal pop femenina) en 2009. Pero cualquier duda se disipó tras el arrollador Rolling in the Deep, buque insignia de su segundo disco 21, que la coronó frente a su rival Duffy (su álbum de estreno, otro producto blue-eyed soul, salió al mercado en los primeros días de marzo del mismo 2008) y, sobre todo, una vez fallecida Amy Weinhouse en julio de 2011 (aunque su disco póstumo todavía se vendió muy bien a ambos lados del Atlántico).

 

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