Al jazz le pasa un poco como a la llamada música clásica o culta: es una etiqueta genérica que, en realidad, engloba diversos estilos y maneras de hacer. En el caso del jazz, mucho ha llovido entre el Hot del primer tercio del siglo XX (Nueva Orleans, Dixieland, Chicago y Nueva York) y, por ejemplo, la expresión futurista de la tradición de un Makaya McCraven.

Sin embargo, las figuras míticas todavía ejercen una fascinación que trasciende a la propia música. De ahí que, en el Día Internacional del Jazz, dediquemos nuestro espacio “El disco del mes” a una voz femenina santo y seña de este género: Billie Holiday.

Eleanora Fagan Gough (nombre real de aquella mujer nacida en Filadelfia en 1915) es considerada una de las tres mayores influencias del jazz vocal. Pero, a diferencia de Sarah Vaughan y Ella Fitzgerald, murió pronto (apenas con 44 años), después de una vida turbulenta marcada por el infortunio. Tiempo suficiente, no obstante, para dejar la impronta de una personalidad musical intensa. Empezó actuando en clubes de Nueva York muy joven y debutó profesionalmente a los 18. Aunque de tesitura vocal más limitada que otras cantantes, pronto destacó por temas como Strange Fruit (1939), una escalofriante denuncia de los linchamientos racistas en el sur de los Estados Unidos:

El éxito comercial la alcanzó en la siguiente década, si bien fue en los 50 cuando publicó nada menos que doce elepés de estudio. Lady in Satin es el penúltimo y el más conocido, pero hoy te traemos otro de los registrados por el sello Verve: Songs for Distingué Lovers (CD 2645). Las sesiones de grabación tuvieron lugar en los estudios Capitol de Los Ángeles, en los primeros días de enero de 1957. El productor Norman Granz rodeó a su estrella de un pequeño grupo de excelentes músicos de jazz y la ayudó a seleccionar piezas estándares, incluyendo algunas que habían usado recientemente Frank Sinatra o la Fitzgerald y Louis Armstrong. Holiday siempre había dado lo mejor de sí con canciones de primer nivel y arreglos sencillos, y esta vez no fue la excepción. Su voz aún no padecía los estragos del alcohol y las drogas -sí distinguibles en su Last Recording (1959)-, mientras la banda liderada por el saxofonista Ben Webster raya a gran altura.

Billie Holiday a comienzos de 1947, cuando estaba en el pico comercial de su carrera

En su formato original, Songs for Distingué Lovers («Canciones para amantes distinguidos») se editó con solo seis cortes. Sin embargo, como era habitual, otra media docena salió de las sesiones de 1957, que serían publicados en Body and Soul y en All or Nothing at All. Finalmente, se añadieron a la reedición remasterizada que sacó Velvet en 1997, la misma que tienes en la Mediateca y que puedes escuchar en la playlist que hemos dispuesto para ti en el Spotify de la Biblioteca Universitaria. 

Disfruta de la inconfundible voz de Lady Day, a la vez dulce, desgastada y triste, pero siempre emotiva y relajante. Un placer y un bálsamo en momentos de incertidumbre.

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