La crisis cultural motivada por la pandemia del COVID-19, está afectando al cine irremediablemente. Al cierre de las salas se suma la paralización del sector productivo, con cancelaciones –o retrasos sin fecha- de proyectos y el parón de los rodajes en curso. Es verdad que las plataformas digitales viven su mejor momento, pero hasta su oferta corre el riesgo de agotarse. De ahí, la urgencia en adaptarse a la dichosa «nueva normalidad».

Es evidente que el cine tradicional, el que se disfruta en una sala a oscuras y con pantalla grande, va a resultar el más perjudicado. El temporal se capea redescubriendo el autocine o implementando «salas virtuales», pero es dudoso que sea suficiente para mantener a flote a un sector que se enfrenta a crecientes dificultades desde la irrupción del ocio en streaming. Lo mismo cabe decir de las ventas en soporte físico (DVD, Blu-Ray), de por sí en declive desde hace años y definitivamente enfocadas a un público de una cierta edad, cinéfilo o seriófilo, coleccionista o amante de los contenidos extras. La sala de cine, es cierto, tiene esa magia, ese aroma clásico, el ritual de la compra de la entrada y las palomitas y de la exhibición pública. Falta por ver si bastará para superar los temores que despierta el distanciamiento social.

Tampoco es pequeño el desafío para los premios y festivales que jalonan el año cinematográfico. A finales de abril supimos que en los próximos Óscar podrán competir cintas que no se hayan estrenado en cines (aunque deben acreditar que sí tenían planeado hacerlo). Una excepción temporal, nos dicen, pero también un reconocimiento de una realidad (que el cine es cine con independencia del modo y el lugar de proyección) a la que Hollywood ha dado la espalda demasiado tiempo. La colaboración con las plataformas es una posibilidad a tener en cuenta por los festivales, como demostró recientemente el Festival Film D’A de Barcelona y se dispone a repetir ya mismo el DocsBarcelona. Incluso Cannes, reacio a todo lo que no sea cine presencial, parece amoldarse a las circunstancias anunciando que su acostumbrado Marché du Film (la vertiente de negocios de un evento que estaría afrontando su segunda semana justo en estos días) tendrá lugar online del 22 al 26 de junio. También participa de la iniciativa We Are One: A Global Film Festival (29 de mayo-7 de junio), una programación de filmes gratuita y variada, vía YouTube, en la que se involucran hasta veinte de los principales festivales del mundo.

Y mientras la industria se reinventa a marchas forzadas, la tecnología también sirve para insuflar nueva vida al cine más antiguo y olvidado. En el año en que conmemoramos su 125 aniversario, da gusto verlo restaurado, coloreado, resincronizado y adaptado a resoluciones 4K. La idea no es nueva, pero solo recientemente se empezó a  compartir en las redes el resultado de aplicar la IA en imágenes centenarias y en otras más modernas.

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