Cuando, a finales de la pasada década, se popularizó el auto-tune y se generalizó la digitalización de la música, las críticas vertidas en su contra quizá olvidaban que la historia de la industria discográfica siempre ha ido ligada al uso (y al abuso) de las más avanzadas técnicas creativas y de grabación.

La obra que escuchamos este mes es un buen ejemplo de ello. Pertenece a un nombre en su día innovador y vanguardista, pionero de la electronic music y, en buena medida, origen del tecno y de otros estilos, todos basados en la instrumentación electrónica, que triunfaron en el último tercio del siglo XX. Nos referimos a Kraftwerk y su The Man-Machine (CD 646).

Se ha dicho que son al pop electrónico lo que The Beatles fueron al pop eléctrico. Es improbable que la idea se les pasara por la cabeza a Ralf Hütter y Florian Schneider cuando fundaron Kraftwerk en 1970. Ambos se movían en la corriente de música experimental conocida como Krautrock, que había surgido en Alemania Occidental a finales de la década de los 60. El mismo nombre que eligieron (Kraftwerk significa «central eléctrica» en castellano) era toda una declaración de intenciones. Sus primeros discos no tuvieron eco internacional, pero todo cambió a partir del Autobahn de 1974, compuesto y grabado en su propio estudio (Kling-Klang) en Düsseldorf. Se convirtieron en cuarteto con la adición de los percusionistas Wolfgang Flür y Karl Bartos, pero el peso del grupo continuó descansando en el dúo fundador. Eso sí, el estilo se volvió menos revolucionario y más pop conforme se afianzaban en el panorama musical europeo. The Man-Machine confirmó la tendencia.

La formación clásica de Kraftwerk en 1976: de izquierda a derecha, Ralf Hütter, Karl Bartos, Wolfgang Flür y Florian Schneider

El séptimo álbum del grupo (y tercero en editarse también en inglés) incorporaba más ritmos bailables en detrimento de los arreglos minimalistas, en una especie de temprano electro-pop. Esto no quiere decir que fuese un simple producto dirigido a las radio fórmulas (el medio en que se divulgaba la música comercial antes de existiera Internet). El método de trabajo fue el habitual: improvisación a base de secuenciadores y de repetir melodías hasta que emergía algo concreto. Un proceso complejo que requirió una doble mezcla en Düsseldorf y Los Angeles. El resultado, poco más de 36 minutos de música distribuidos en seis temas de larga duración (solo uno baja de los cinco minutos). Dos de ellos se convertirían en clásicos del grupo y del género electrónico.

El primero, The Robots, hace referencia a la entonces incipiente robótica y al concepto que domina gran parte del álbum (la relación humano-tecnología), recogido también en el título (Die Mensch-Maschine, en el original alemán) y en el diseño gráfico de la portada del elepé, que se inspiró en el constructivismo ruso. Por otra parte, la representación del cuarteto como androides (camisa roja, corbata negra, cabello corto, rostro inexpresivo, movimientos robóticos) sería, en adelante, la imagen-icono de Kraftwerk. Lo apreciarás mejor en este video del single inglés de Die Roboter:

La combinación de sintetizadores, baterías eléctricas y vocoder para sintetizar la voz, le confería a The Robots el aire futurista rompedor que necesitaba la New Wave en ciernes. Sin embargo, fue otra canción la que encumbró a Kraftwerk. Das Modell (La modelo), con letra de Emil Schult, trata un tema frívolo solo en apariencia, porque esconde una sátira del glamur urbano. El estilo relajante, pegadizo sin ser mecánico, de esta balada electrónica, sin duda contribuyó a hacer de ella un himno del tecno-pop, aunque para que triunfase plenamente hubo de esperar a la versión sencilla en inglés de 1981. Sin duda, la melodía más popular del grupo:

The Model ha sido el único número 1 del cuarteto alemán en el Reino Unido, aunque el elepé no superó las posiciones en listas de ventas que Autobahn había alcanzado en ese mercado, el alemán y el americano.

La carrera de Kraftwerk no terminó aquí, sino que ha seguido en activo hasta nuestros días, asimilando las novedades tecnológicas y reinvirtiendo sus ganancias en el Kling-Klang Studio. No sin bajas. Hütter y Schneider se mantuvieron como el tándem conceptual, pero Wolfgang Flür lo abandonó en 1987 y años después escribió unas polémicas memorias en las que describía su situación y la de Bartos como de meros asalariados. El propio Karl Bartos (que, no osbtante, aparece acreditado en todos los temas de The Man-Machine) se salió en 1990 a causa de la actitud obsesivamente perfeccionista de los fundadores. Otros músicos les sustituyeron, pero la muerte de Florian Schneider el 6 de este mes de mayo deja a un Ralph Hütter de 73 años como el único miembro original de los míticos Kraftwerk.

***

Más sobre Kraftwerk en la Mediateca:

  • Radio-Activity (CD 1147). El trabajo que sucedió a Autobahn y el primero enteramente electrónico del grupo (1975). Conceptualmente indaga en el tema de la radiocomunicación.
  • Minimum-Maximum (CD 649). Primer álbum en vivo de la banda, editado en 2005. Recoge actuaciones de la gira mundial de presentación de Tour de France Soundtracks, un proyecto que recuperaba música compuesta en los primeros 80 para celebrar en 2003 el centenario de la famosa carrera ciclista.
Compartir: