¿Cómo reaccionarías si te dijeran que en tus manos pende la vida de 1.600 personas? ¿Y que, para evitar su muerte, debes emprender una carrera contrarreloj plagada de obstáculos mortales? ¿Y si una de esas vidas fuera la de tu propio hermano?

Pues ese es el desafío al que se enfrentan los protagonistas de la última y exitosa película de Sam Mendes, convertida ya en un clásico del cine bélico: 1917 (DVD 11178). Así abrimos la sección «La peli del mes» de este curso.

El centenario de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) nos trajo, entre otras conmemoraciones, un puñado de filmes, documentales y miniseries ambientadas en aquella terrible y traumática experiencia colectiva. Pero ninguna como la apuesta del director británico. «Inmersivo», «impactante», «experiencia visceral» y «clase magistral visual», son los términos más comunes a la hora de referirse a ella. Y no les falta razón, porque 1917 es, ante todo, un enorme alarde técnico encaminado a sumergir al espectador en el horror de la guerra.

Una de las sobrecogedoras escenas nocturnas de la película

Inspirándose en una anécdota que de niño le contó su abuelo excombatiente, Mendes esbozó la idea que daría forma al guion. El proyecto evolucionó con rapidez: adquisición de los derechos de producción en junio de 2018, fichaje de los actores protagonistas en octubre, rodaje en abril-junio del año siguiente, estreno limitado el día de Navidad de 2019 y mundial el 10 de enero de este 2020, a tiempo para entrar en las nominaciones a los Óscar.

Roger Deakins agradece el Óscar a la mejor fotografía por 1917, en febrero pasado

Roger Deakins fue una incorporación clave. Conocido por sus trabajos con los hermanos Coen y Denis Villeneuve, el veterano director de fotografía ya había colaborado con Mendes desde Jarhead (2005). Ahora, su participación era más importante que nunca, porque se trataba de que la película aparentase ser un gran plano secuencia; o dos, como reconoció públicamente Mendes. En realidad, son algunos más; pero, una vez montados, dan la sensación de continuidad, como si la película entera se hubiese rodado en una sola toma, sin cortes. Si agregas los cerca de 500 extras, las complejas coreografías, y unos efectos visuales y un sonido impecables, entenderás el calificativo de «espectacular» aplicado a las dos horas de adrenalina, tensión, carreras y explosiones.

La cinta obtuvo buenas cifras de recaudación en los cines. También recibió los elogios de la crítica especializada. Sin embargo, no faltaron los comentarios negativos. Nadie dudaba del resultado técnico, pero sí de que hubiese un mensaje, un fondo, tras tanto artificio. Hubo quien echó en falta un guion más consistente, menos empeño en conmover a través del lucimiento formal (incluyen la omnipresente banda sonora compuesta por Thomas Newman), y más profundidad y matices en los personajes. ¿Razones de peso para que la cinta no cumpliera en los premios Óscar las expectativas generadas en los Globos de Oro y BAFTA?

Una cosa es cierta. Puede que 1917 no alcance el nivel dramático de Salvar al soldado Ryan, aquella película de Steven Spielberg que arrancaba con una primera media hora de brutal realismo bélico. O que le falte la hondura temática de que hizo gala Stanley Kubrick en Senderos de gloria. Pero sí es la primera vez que una película sobre la Gran Guerra muestra con tanta inmediatez y crudeza la ansiedad del soldado y la inminencia de la muerte.

Compartir: