La Navidad está a punto de caer y, por atípica que se presente este año, queremos proponerte una doble sesión de cine, al igual que hicimos en el 2019. Bueno, «navideño» quizá no sea la palabra más apropiada para definir el espíritu que domina a las dos películas elegidas para la ocasión. Pero son dos comedias, y aunque algo negro, el humor siempre sienta bien. Vamos allá.

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Papá Puerco

El universo literario de Terry Pratchett es tan rico como arriesgado trasladarlo al cine. En particular, la serie de relatos sobre el Mundodisco, con su fantasía desbordante y su peculiar sentido del humor, ha conocido solo tres adaptaciones con actores reales, y todas para la televisión. La primera fue Hogfather, literalmente «Papá Puerco», en formato de miniserie de dos episodios que se estrenó -con bastante éxito- en la TV británica en diciembre de 2006.

Si conoces la obra de Pratchett, sabrás que el Mundodisco es, como su nombre indica, un mundo plano sostenido por cuatro gigantescos elefantes que, a su vez, se sustentan sobre el caparazón de una inmensa tortuga que navega a través del espacio sideral. Allí, la vida es como en nuestra Tierra, pero con sus particularidades, entre ellas, el concurso de la magia. Pues bien, su Nochebuena es como la nuestra… con la diferencia de que recibe el nombre de Noche de la Vigilia de los Puercos, y su Papá Puerco equivale a nuestro Papá Noel. Y con el pequeño inconveniente de que, si no se cumple el ritual, será el final del Mundodisco. Y eso es, precisamente, lo que está a punto de suceder.

Es posible que vislumbres algún rostro familiar entre el elenco actoral. Michelle Dockery, la Lady Mary de Downton Abbey, asume el papel de la heroína de la historia, Susan. Es, también, la sobrina de (la) Muerte, ente que se disfrazará de Papá Puerco para salvar la festividad en compañía del fiel Albert (David Jason). Marc Warren desempeña el rol del malo dotado de un apellido de equívoca pronunciación. Y el mismo Pratchett desliza un cameo.

Papá Puerco es un cuento infantil para adultos; por eso, el tono es más ligero que en el libro. No obstante, conserva el punto irónico con que su autor contemplaba la naturaleza humana. Son tres horas, sí, pero nada cansadas de ver y, sobre todo, divertidas. Aquí, el tráiler original para la edición DVD de 2007:

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Four Rooms

De la Nochebuena de Pratchett saltamos a la Nochevieja en el planeta Tierra. Así que, olvídate de mundos planos, seres antorpomorfos y magia, y aterriza en la (a)normalidad humana.  Lo que no cambia es que sigue habiendo humor. Cierto que más oscuro y ácido. Algo seguramente inevitable, porque la producción corre a cargo del hombre que ha producido casi todas las películas de Quentin Tarantino, y este último codirige y actúa.

En efecto, se trata de un film con cuatro autorías (Tarantino, Allison Anders, Alexandre Rockwell y Robert Rodriguez) encargadas de sendos episodios que tienen un único nexo de unión: en su primer día de trabajo en un hotel de Los Angeles, un botones ha de atender las demandas de las cuatro habitaciones del título. El hecho no tendría nada de particular, de no ser por un pequeño detalle: ni la clientela, ni lo que hace en esas habitaciones, se puede considerar normal. ¿Sobrevivirá el atribulado Ted al nuevo año?

Tim Roth, como el botones Theodore

De «gamberrada» calificó la crítica a este estreno del 25 de diciembre de 1995. No te vamos a engañar: es algo irregular y no pasará a los anales del Cine. Pese a todo, siempre puede arrancarte unas cuantas risas, ya que algunos gags son realmente buenos. El reparto incluye a un puñado de estrellas de la época, como Bruce Willis, Antonio Banderas, Salma Hayek y Marisa Tomei. En el primer capítulo, Madonna participa en un ritual brujeril ligado al sexo, como no podía ser menos en ella (su interpretación le valió un Razzie a la peor actriz de reparto). En el último, Tarantino, que venía de triunfar con Reservoir Dogs y Pulp Fiction, se mete en la piel de un famoso actor  y humorista que propone una arriesgada apuesta. En los cuatro segmentos está presente, naturalmente, el botones Ted, encarnado por un Tim Roth en disparatada vena cómica.

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