Dicen que las reglas están para saltárselas. Pero romper moldes, ser original, apartarse de lo trillado y abrir nuevos caminos -y, encima, hacerlo con inteligencia- no es tarea fácil, y pocas veces obtiene un reconocimiento inmediato.

Pasa con la música, cuando pretende escapar de los convencionalismos. Justo como el debut de uno de los grupos más influyentes de finales de los 60 y primeros 70: The Velvet Underground & Nico (CD 840).

«Influyente», que no «popular». Ninguno de los cinco trabajos de estudio de la Velvet fueron éxitos de ventas y apenas se los valoró en su época. Se habían formado en Nueva York en 1964, pero no adquirieron dimensión profesional hasta que el artista pop Andy Warhol los involucró en sus proyectos vanguardistas, convirtiéndose en su mentor, productor y director artístico. A instancia suya, incorporaron a las sesiones de grabación a la actriz y modelo Nico. De ahí el título del álbum, que no aparece en la portada, aunque sí una de las imágenes emblemáticas de Warhol y de la historia del vinilo.

La Velvet & Nico. De izquierda a derecha, y de arriba abajo: Lou Reed, Sterling Morrison, John Cale, Nico y Moe Tucker

El trabajó salió al mercado en marzo de 1967. La mayoría de las letras de las once canciones las escribió el vocalista Lou Reed. Tratan de drogas, de prostitución, de comportamientos y prácticas sexuales contrarias a la moral imperante. Esto ya distinguía al grupo de las tendencias musicales del momento, fuera el pop-rock amable de The Beatles, o el incipiente «happy flower» de la Costa Oeste. La música en sí era otro elemento distintivo. El sonido de The Velvet no era sofisticado, sino crudo, repleto de disonancias y distorsiones que podían llegar a ser molestas. Hay que ponerse en el lugar de los oyentes de aquel año, para apreciar lo revolucionario del camino emprendido por un cuarteto que, además, tenía una mujer tocando la batería, algo inusual.

Dos singles promocionales se lanzaron meses antes que el elepé. El segundo, de diciembre de 1966, es un tema tranquilo, marcado por la celesta (una especie de piano sin cuerdas) de John Cale, que habla de esos domingos en que te despiertas tras una noche de excesos. La voz principal iba a ser la de Nico, pero Reed la relegó a los coros:

Sunday Morning abría el disco dando una engañosa impresión de armonía. En el segundo corte, I’m Waiting for the Man, Lou Reed muestra su verdadero registro vocal y explica cómo buscar drogas en las calles de Nueva York al ritmo de garage rock:

Otra de las canciones clave es Venus in Furs. La letra de Reed se inspira en una vieja novela de lo que hoy llamaríamos BDSM, mientras su guitarra y la viola eléctrica de Cale crean un clima tenso y sensual:

Estos y otros temas transgresores (como el titulado Heroin), presentados en una apuesta musical arriesgada, explican que la recepción de The Velvet Underground & Nico fuese fría y que no pasase del puesto 171 en el Billboard. El reconocimiento vino una década después, cuando su influencia (Brian Eno, David Bowie, Patti Smith) era demasiado evidente para pasarla por alto. Y, claro está, cuando la sociedad estadounidense estuvo dispuesta a aceptar la importancia de un disco que solo vendió unas 30 000 copias en los primeros cinco años.

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