El 24 de septiembre de hace treinta años, salían a la venta dos discos claves en la historia del rock. Uno es es el famoso Nevermind de Nirvana. El otro, algo menos recordado, es Blood Sugar Sex Magik  (CD 746), de Red Hot Chili Peppers. Como esperamos hablarte del mayor éxito de Kurt Cobain el próximo curso, en este post lo haremos del que consagró a la banda californiana ante la crítica y el público.

Desde un principio, la base de estos «pimientos rojos picantes» ha sido la voz de Anthony Kiedis y el bajo de Flea. Ellos, junto a Hillel Solvak (guitarra) y Jack Irons (batería), conformaron el cuarteto fundador, aunque no el que grabó el primer disco. De hecho, eso no ocurrió hasta un tercer álbum de estudio. Después, en 1988, Solvak murió de una sobredosis de heroína, tragedia que provocó en Irons un shock emocional que le haría abandonar el grupo definitivamente. Los sustituyeron, respectivamente, John Frusciante y Chad Smith. La nueva formación afrontaba el reto de un quinto álbum que consolidase el resultado obtenido con el anterior, Mother’s Milk, último grabado bajo el sello discográfico EMI. Ahora iba a ser con Warner Bros. Record y lo produciría Rick Rubin, elección que se demostró acertada.

Sus peculiar manejo del bajo ha hecho de Flea (Michael Peter Balzary) imagen icónica de Red Hot Chili Peppers. En Blood Sugar Sex Magik tocó, además, otros instrumentos (piano, trompeta, percusión) y acompañó en los coros a Anthony Kiedis.

La composición de Blood Sugar Sex Magik (¿«Magia sexual del azúcar en sangre»?) fue rápida y se basó en productivas sesiones de improvisación. La habitual mezcla de rock duro y funk vigoroso se veía potenciada como nunca por los riff de guitarra de Frusciante, los saltos del bajo de Flea y la contundencia de la batería de Smith. Las letras de Kiedis trataban de drogas y, como siempre, daban vueltas en torno al sexo. Un cóctel al que Rubin puso la guinda, dotando de mayor gancho comercial a los 17 temas del disco.

La muestra está en los 4 minutos y pico del sencillo que antecedió a la salida del elepé. Give It Away nació de una línea de bajo y un riff de guitarra de la «doble F». Kiedis improvisó una frase que quedó como estribillo: «Give it away, give it away, give it away now». La letra tiene que ver con las experiencias vitales del vocalista y la idea del desprendimiento («Regálalo, regálalo, regálalo ahora»). El tema no recibió mucho apoyo de las emisoras de radio porque no tenía una melodía identificable. Pero, gracias al videoclip que difundieron canales musicales como la MTV, terminó el año siendo el primer número uno de la banda y, al siguiente, se escuchaba en todo el mundo:

El segundo single es una pieza fundamental en la carrera del grupo. A diferencia de su predecesor, la melodía es acústica y sin trazas de agresividad. La letra también es más intimista, incluso triste. Siendo tan personal, Kiedis dudó si incluirla en el disco. Fue una suerte que decidiera hacerlo, porque Under the Bridge ha sido el tema de la banda más exitoso y de los más recordados:

Visto desde la frialdad de los números, los Red Hot Chili Peppers no han disfrutado de un logro similar desde entonces, salvo el Californication de 1999, que lo superó en ventas internacionales. Ese fue, precisamente, el disco del retorno de Frusciante a la banda, después de que la abandonase, en plena gira mundial del Blood Sugar Sex Magik Tour, debido a sus constantes discusiones con Kiedis y al consumo de drogas descontrolado. Y es que, aquel Blood Sugar Sex Magik había resultado un viaje inolvidable para él y sus compañeros, pero no sin cobrarles peaje.

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