Aunque todavía falta mucho para la próxima ceremonia de los Óscar, no queremos llegar a la fecha (27 de marzo de 2022) sin haber completado el repaso de las películas y de los directores ganadores que iniciamos el curso pasado. En esta cuarta entrega, toca los años 80. Ya sabes, esa década que revive últimamente de la mano del cine (It, Joker, Wonder Woman 1984) y la televisión (Stranger Things). Y que, desde el punto de vista de los premios cinematográficos más famosos del mundo, arroja unos cuantos nombres y títulos inolvidables.

  • 1981: La 53ª ceremonia de entrega de los Premios Óscar se celebró con un día de retraso por el intento de asesinato del presidente Reagan. Toro salvaje y El hombre elefante partían como favoritas. Su caracterización del boxeador Jake La Motta en el film de Martin Scorsese, proporcionó un merecidísimo Óscar a Robert de Niro. En cambio, el drama de David Lynch salió con las manos vacías. Mejor dirección y mejor película para Robert Redford y Gente corriente, su ópera prima y, sin duda, el más logrado de sus nueve largometrajes.
  • 1982: Este año, la peli con más nominaciones (doce) era Red, del también actor Warren Beaty. Ganó en la categoría de director, pero la película triunfadora fue Carros de fuego, dirigida por el mismo Hugh Hudson que firmaría luego la irregular Greystoke y la infravalorada Revolución. Aquella historia, basada en hechos reales, de atletas olímpicos británicos en 1920, se recuerda hoy, sobre todo, por la escena de apertura con música de Vangelis. Y la gala, por haber premiado la veteranía de Henry Fonda y a Katherine Hepburn con sendos Óscar (el primero para él, descontando el honorífico del año anterior; el cuarto para ella) por su participación en la emotiva En el estanque dorado.

Carros de fuego es la segunda película ganadora de temática deportiva, después de Rocky en 1977

  • 1983: Cuando Richard Attenborough subió al estrado a recoger la estatuilla por Gandhi, dijo haber estado seguro de que E.T. iba a ganar. Pero ni Spielberg, ni la travestida Tootsie consiguieron vencer a esta biografía del mahatma indio, convincentemente interpretado por Ben Kingsley (mejor actor principal).
  • 1984: James L. Brooks, que venía del medio televisivo, llegó y besó el santo con el trío de galardones (guion, producción, dirección) de La fuerza del cariño. Tampoco es que la competencia fuera mucha; otra cosa hubiese sido el concurso de Ingmar Bergman y Fanny y Alexander, elegida mejor película de habla no inglesa.
  • 1985: La espectacular y desenfadada Amadeus, adaptación de Milos Forman de un guion teatral sobre la supuesta rivalidad entre Antonio Salieri y Wolfgang Amadeus Mozart, se impuso a dos relatos situados en el polo opuesto: Los gritos del silencio, denuncia del terror jemer rojo en la Camboya de los 70 rodada por Roland Joffé; y Pasaje a la India, el último proyecto terminado del cineasta David Lean. Nunca antes, ni después, la música del genio de Salzburgo ha calado tanto entre la audiencia de una sala de cine.
  • 1986: Un drama romántico entre los blanquitos Meryl Streep y Robert Redford, con el telón de fondo de la Kenia colonial de principios del siglo XX, dirigido por un realizador competente, y con una banda sonora memorable. Tres bazas que justificarían los siete Óscar de Memorias de África (incluyendo la música de John Barry) y el primero a Sydney Pollack, anteriormente nominado por Danzad, danzad, malditos (1970) y Tootsie. La gran derrotada fue El color púrpura (11 nominaciones, 0 premios), melodrama antirracista de un Steven Spielberg lanzado al quinto asalto —igualmente infructuoso— a los Óscar. El penúltimo trabajo de John Huston, El honor de los Prizzi, al menos le valió a su hija Anjelica el reconocimiento a la mejor actriz de reparto.

David Watkin mereció su Óscar de 1986 por la espléndida fotografía de Memorias de África

  • 1987: Platoon y Una habitación con vistas encabezaban las nominaciones, aunque también concursaba Woody Allen con uno de sus filmes más alabados (Hannah y sus hermanas) y Joffé lo volvía a intentar con la conmovedora La misión. Oliver Stone, hasta entonces un desconocido para el gran público, dio la campanada con aquella primera entrega de su trilogía sobre la Guerra de Vietnam.
  • 1988: El año del pleno de Bernardo Bertolucci y El último emperador (9 de 9). Un espectáculo visual y una producción de lujo frente a la que nada pudieron hacer la comedia romántica Hechizo de luna y el thriller Atracción fatal. Al maestro Billy Wilder se le reconoció su papel significativo en el mundo de la producción cinematográfica recibiendo, a modo de Óscar honorario, el premio Irving Thalberg.
  • 1989: Barry Levinson es un director de una trayectoria muy irregular, pero con Rain Man dio en el clavo comercial: mejor película, mejor dirección, mejor actor principal (Dustin Hoffman), mejor guion original. Arde Mississippi y Las amistades peligrosas no eran peores candidatas, pero es bien sabido que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas siente debilidad por los dramas con enfermedades o discapacidades (en este caso, el autismo), más todavía si va pareja una redención moral (aquí, la de Tom Cruise).

Cruise y Hoffman caracterizados de los hermanos Charlie y Raymond Babbitt

  • 1990: Primera de las nueve ocasiones en que Billy Cristal ha ejercido de maestro de ceremonias. Y tercera en que gana un película de un director sin nominar. Paseando a Miss Daisy también supuso la primera nominación y único Óscar de la veterana Jessica Tandy. Un Oliver Stone en racha levantó su segunda estatuilla dirigiendo Nacido el cuatro de julio, segunda parte de la trilogía vietnamita, con Tom Cruise lejos de sus roles habituales. Otras pelis nominadas en esta edición fueron Mi pie izquierdo (primer Óscar de Daniel Day-Lewis, en un papel nada fácil) y El club de los poetas muertos, título emblemático en la carrera del cineasta Peter Weir. El Óscar honorífico de este año recayó en el dos veces ganador a la mejor película extranjera (y una vez candidato a mejor director) Akira Kurosawa.

(Continuará)

Compartir: