Antes de que la Navidad se nos eche encima, llega la propuesta cinematográfica de The End para la ocasión. Nada menos que Juan Nadie (DVD 3792), una de las grandes películas con que Frank Capra se labró un nombre en el Hollywood en blanco y negro de las décadas de 1930 y 1940.

Es cierto que el clásico navideño de este director —y uno de los favoritos indiscutibles durante generaciones— es ¡Qué bello es vivir!, estrenado cinco años más tarde. En la propuesta de hoy, la referencia a la festividad es casi anecdótica. Pero solo casi, porque los valores sociales que Capra asocia a la Navidad en 1946, ya estaban presentes en 1941. Y ten por seguro que ninguno de ellos es el consumismo.

Argumento: Al cambiar de dueño un periódico local, Anna Mitchell es una de las personas despedidas por la nueva administración. Antes de marcharse, publica en venganza una última columna en la que recoge la carta de un tal Juan Nadie, un desempleado que amenaza con suicidarse en Nochebuena en señal de protesta por los males de la sociedad. La falsa carta conmociona a la ciudad y, ante la sospecha de fraude, el periódico contrata a un vagabundo que encarnará al ficticio señor Nadie, mientras Ann escribe sus discursos. Pero, lo que empieza siendo un gancho publicitario, se convierte en un movimiento social que terminará explotándoles en las manos.

En los años 30 del siglo XX, Capra rodó la mayoría de sus largometrajes más famosos: ‘Dama por un día’, ‘Sucedió una noche’, ‘Horizontes perdidos’, ‘El secreto de vivir’, ‘Vive como quieras’, ‘Caballero sin espada’…

La historia se basaba en un texto original de Richard Connell al que, años después, él mismo y Robert Presnell dieron forma de un esquema cinematográfico («film treatment») titulado «The Life and Death of John Doe». El definitivo guion fue obra de Robert Riskin, colaborador habitual de Capra. Juntos, habían fundado una compañía de producción independiente, siendo este su primer proyecto, que suscitó expectación, dado que ambos se jugaban su propio dinero y que, además, se mostraron remisos a explicar en qué consistía la historia a rodar. La razón de este misterio era que Capra se había labrado la reputación de hacer películas exageradamente optimistas y ahora buscaba algo distinto, más brutal y con un final impactante. Nada de personajes sanos y honestos (el «hombre del pueblo») enfrentados  a las fuerzas del mal (políticos, banqueros), como el protagonista de Caballero sin espada, sino un pobre diablo dispuesto a lo que sea con tal de comer y ganar algo de dinero. El guion de Raskin se bastaba y sobraba para desarrollar la idea… justo hasta que llegaba al momento del desenlace, que se les atragantó. ¿Solución? Rodar y probar, consecutivamente, cinco finales distintos y quedarse con el último —el que juzgaron menos malo.

Incluso antes de tener el guion, ya habían reclutado al elenco actoral. Capra se consideró muy satisfecho de volver a contar con Gary Cooper en el rol principal, el vagabundo Long John Willoughby, un ex-jugador de béisbol mediocre que dará vida a Juan Nadie. Barbara Stanwyck no era la primera opción para el papel de la avispada y ambiciosa Anna, aunque sí la actriz que Cooper deseaba tener de coprotagonista. Y hay un solvente plantel de secundarios encabezado por Walter Brennan («el Coronel», compañero de andanzas de Willoughby), Edard Arnold (el magnate D.B. Norton) y James Gleason (como Henry Connell, el nuevo editor del periódico).

El cambio de eslogan de ‘The Bulletin’, en el arranque de la película, es toda una declaración de intenciones

Estrenada en mayo de 1941, Meet John Doe («Conozca a Juan Nadie») tuvo una excelente acogida entre la crítica intelectual que tanto se le había resistido a Capra. En taquilla funcionó más que satisfactoriamente, pero el público que llenaba las salas no salía del todo contento. Capra lo explica así en su autobiografía: «Lo que decía nuestro filme a la perpleja gente hambrienta de soluciones era esto: ‘No hay soluciones esta vez, damas y caballeros. Todo vuelve al principio’. Y la gente decía: ‘Oh, mierda’». Por otra parte, a la ceremonia de los Óscar del año siguiente, la película solo acudió con una nominación (sin premio) por la historia de Connell y Presnell; un pobre resultado para el cinco veces nominado y tres veces ganador (1935, 1937, 1939) de la estatuilla al mejor director.

Plano de Anna (Barbara Stanwyck) y John (Gary Cooper) en la discutida escena final

Los impuestos acabaron con la aventura independiente de  Capra y Riskin. Disolvieron la compañía y no volverían a  colaborar hasta pasados diez años. Capra siempre negó que el distanciamiento se debiera a que él se llevaba todo el crédito de los trabajos en común… El caso es que vendieron los derechos de la película a una distribuidora de Nueva York, pero el negativo original se deterioró y terminó destruido. Tras pasar a ser dominio público, la Biblioteca del Congreso pudo reconstruir un negativo, pero los videos comercializados durante años procedían de copias de menor calidad. En 2001 restauraron digitalmente la mejor copia europea disponible. En 2016, TCM mostró una versión restaurada que nunca se distribuyó en formato de video doméstico. En la era del «streaming», la película se puede encontrar en algunas plataformas de pago. Nuestra versión en DVD indica ser copia original que «respeta celosamente el montaje original» y proceder de «los archivos de la familia Capra»; una copia «totalmente restaurada» que, sin embargo, deja bastante que desear desde el punto de vista de la imagen.

Arnold, Stanwyck, Cooper y Brennan en una imagen restaurada

Con sus aciertos y errores, Juan Nadie conserva la esencia del «toque Capra». Aunque de convicciones republicanas, el italoamericano muestra su compromiso con la recuperación moral y cívica que propugnaba el New Deal demócrata tras el golpe de la Gran Depresión. Como suele ser habitual en él, denuncia la acumulación de poder, la corrupción política, la manipulación de las masas por los medios de comunicación, la amenaza a la libertades individuales y sociales… Por desgracia, se echa en falta ese final a la altura de la trama. A cambio, hay momentos ingeniosos, como este en que «el Coronel» relativiza la importancia del dinero:

Y, por supuesto, los que reivindican la movilización ciudadana frente a los manejos de los políticos sin escrúpulos:

Te parecerá un discurso simplista, «populista», más todavía a los 80 años del estreno de la película. Y seguramente tengas razón. Pero es el que ha animado antes, y anima hoy, el corazón de muchas personas de bien. Incluso en Navidad.

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