(Fotografía: Jean Baptiste Mondino © One Little Indian)

Érase una vez una joven de apellido impronunciable (para quien no sepa islandés): Guðmundsdóttir. Una que grabó su primer disco en solitario a las 12 años y, siendo adolescente, fundó una banda punk femenina, otra de jazz fusión, se graduó de piano clásico y participó en otros varios proyectos artísticos. Durante la segunda mitad de los 80, se daría a conocer en la escena musical británica como vocalista de The Sugarcubes, el primer grupo de la «Tierra de Hielo» en alcanzar el éxito a ambos lados del Atlántico. Pero el rock alternativo ya no satisfacía sus ansias de innovar y probar otras vías musicales, así que decidió mudarse a Londres para retomar su carrera en solitario.

El resultado vio la luz en julio de 1993, con un álbum de título un tanto engañoso: Debut (CD 898). El nombre de ella, pronto sería sinónimo de vanguardia y experimentación: Björk.

El cambio de domicilio suponía un reto personal (era madre soltera de un hijo de seis años) y profesional. Ayudó el conocimiento que tenía de la cultura de clubes underground londinense y que se presentase con algunas canciones ya escritas. En Manchester trabajó con Graham Massey, miembro del grupo de música electrónica 808 State, con quien compuso varios temas de ese género. Con la arpista Corky Hale grabó estándares de jazz, un género que incorporaría a su nuevo disco junto al house y el trip hop. Había pensado en múltiples productores, pero, finalmente, se decidió por Nellee Hooper, figura en alza desde el exitoso Club Classics Vol. One de 1989. Él fue quien la introdujo en la programación de estudio que daría a Debut su carácter vanguardista.

Las timidez y la discreción de las fotografías de Debut ocultan la energía de su contenido. (Fotografías: Jean Baptiste Mondino © One Little Indian).

Aunque oficialmente sea el segundo, este disco fue el verdadero estreno solista de Björk. Por sí misma, o mano a mano con Hooper, escribió diez de las once pistas y, además, se implicó en las tareas de producción. Las letras tienen una temática común, el amor, entendido en sus diversas facetas, de la abstracta a la carnal. En cuanto a los estilos, domina la música de baile electrónica, con toques de jazz y world music. Este alejamiento del rock, en un momento en que el grunge y el britpop estaban de moda, obedecía al convencimiento de que el house era la verdadera música moderna y creativa. Más aún, los ritmos bailables no serían tanto un reflejo del ambiente nocturno en los clubes, como de la propia vida cotidiana. En cualquier caso, al conjunto lo sostiene la voz de la islandesa, oscilante entre el grito y el susurro.

(Fotografía: Jean Baptiste Mondino © One Little Indian)

Debut salió a la venta en disco compacto y casete (recuerda: quedaban años para el Internet masivo y la música en streamning). Como era normal, hubo un sencillo de adelanto. Human Behaviour, primer corte del álbum, procedía de la época en que Björk cantaba en The Sugarcubes, si bien nunca lo publicó con ellos. La música consiste en un «riff rebotante» sampleado de Go Down Dying de la Ray Brown Orchestra (1970), llevando los timbales el ritmo sincopado. Los documentales sobre la naturaleza de David Attenborough inspiran una letra que reflexiona sobre la naturaleza humana desde el punto de vista animal; un recuerdo de la infancia de la islandesa, cuando encontraba caótico y sin sentido el comportamiento de los adultos. La canción es parte de la «trilogía de Isobel», personaje mágico que también aparece en el tema homónimo incluido en Post (1995) y en Bachelorette de Homogenic (1999). Y el surrealista video promocional, una adaptación libre del cuento infantil Ricitos de oro y los tres osos, con imágenes inspiradas en la obra de animador soviético Yuri Norstein:

Venus as a Boy, segundo single, salió al mes de haberse lanzado el álbum. La crítica lo recibió con división de opiniones, por el cambio radical con respecto al anterior. El fandom, al contrario, lo eligió para ser incluido en el Greatest Hits de 2002. Se supone que la inspiración de la canción proviene de la entonces pareja de la islandesa. En la línea de que el álbum —o una parte de él— suene como una banda sonora india, destaca el empleo de instrumentos de aquel país, como las tablas, pero también cuerdas de Bollywood grabadas en Bombay:

El último sencillo lanzado antes de que terminara el año, Big Time Sensuality, es otra composición Björk-Hooper y producción de este último. Un tema de ritmos house y sonidos electrónicos que contribuyó a impulsar la carrera internacional de Björk, entrando por primera vez en el Billboard estadounidense. El optimismo y la vitalidad presiden también la letra, que habla de la relación con Hooper y otras amistades. Lo que se publicó en aquel noviembre, en realidad fue una remezcla a cargo del grupo de música electrónica Fluke. El videoclip (aquí, un montaje con el audio original del álbum) la muestra sobre un camión en la ciudad de Nueva York. Su pase por la MTV lo hizo incluso más popular que la propia canción:

De Debut se extrajo un total de cinco singles. El tercero no era parte del disco tal y como se publicó en julio del 93, sino que fue un añadido a la reedición de noviembre, que es la disponible en la Mediateca. De hecho, Play Dead pertenecía a la banda sonora de The Young Americans (en España: La ley de las drogas), un rutinario thriller policiaco estrenado en octubre. La autoría es triple: Björk, melodía y letra; el bajista Jah Wobble, la línea de su instrumento; y David Arnold, la partitura. Como quiera que este último era un fan absoluto de John Barry, compositor en doce entregas de la saga James Bond, es lógico que la canción recuerde a los emblemáticos temas del Agente 007. Más todavía, Björk llegó a grabar la pista central de Sólo se vive dos veces (ya interpretada en 1967 por Nancy Sinatra) para un proyecto de Arnold en el que estrellas de los 90 versionan los clásicos de la famosa serie de películas. Ella decidió finalmente retirar su contribución, pero a él le facilitó convertirse en el nuevo compositor Bond. El vídeo de Play Dead lo dirige el mismo realizador de la película, Danny Cannon (Juez Dredd):

Las cuatro piezas destacadas no agotan la variedad estilística del disco. Al lado de los ritmos y sonidos más electrónicos y bailables, encontrarás el arpa de Like Someone in Love, uno de los estándares de jazz que Björk grabase con Hale. En Areoplane suenan bronces y sonidos tribales. Come to Me construye un fondo nebuloso mediante sintetizadores, percusión y arreglos de cuerda francamente interesantes. The Anchor Song es la única canción enteramente compuesta por la islandesa y una muestra de lo que ella definía como su lado más académico e inteligente. En definitiva, la base de la carrera posterior de una artista a la que rara vez se ha acusado de previsible.

14 años median entre la portada desnuda de artificio de Debut y la recargada imagen de Utopia, (pen)último álbum de estudio de Björk. (Diseño gráfico: Jesse Kanda © One Little Independent Records / Caroline Distribution / Universal Music Group / The Orchard).

El sello discográfico independiente que sacó Debut, estimaba colocar unas 40 000 copias en todo el mundo. Tres meses después, había vendido 600 000 (en 2013 ya sumaban 4 700 000). La crítica fue positiva en general y, al año siguiente, ganó sendos premios a la «mejor revelación» y la «mejor mujer internacional» en los BRIT Awards (los Grammy británicos). La estética Björk se trasladó a la moda juvenil, y su rostro y su voz —reforzadas tras su paso por los MTV Unplugged— se volvieron enormemente populares. Sin embargo, más importante que esto es la consideración de nuestro disco como uno de los mejores álbumes de 1993 y de la década entera, y del tándem Björk-Hooper como re-definidor del sonido de buena parte de la música que estaba por venir. Hoy, a un año y cinco meses de celebrar el treinta aniversario de aquella obra inclasificable, la mente inquieta de Reikiavik sigue dando muestras de lo difícil que resulta poner categorías y géneros a su arte.

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