La tragedia que vive Ucrania en las últimas semanas, tiene unos antecedentes que el cine no ha pasado por alto. En The End te proponemos recordarlo de la mano de un director ajeno al mainstream. Un autor cuyo atrevimiento narrativo ha sido destacado a menudo por la crítica. Y del que volvió a dar muestra en 2018 gracias a Donbass (DVD 11125), cruda exposición de la desintegración moral de una sociedad sumida en el caos, el dolor y el sufrimiento causados por la guerra.

Serguéi Loznitsa nació en Bielorrusia, pero creció y se educó en Ucrania, en tiempos de la Unión Soviética. En los años finales del coloso comunista, decidió dedicarse al cine. Tras realizar algunos documentales de media y corta extensión, a principios de los 2000 se trasladó a Alemania, donde ahondaría en esa línea de trabajo. De hecho, antes del que hoy te proponemos, solo había rodado tres filmes de ficción. Aunque los tres compitieron en el Festival de Cannes (My Joy, 2010; En la niebla, 2012; La sumisa, 2017), él continúa siendo, fundamentalmente, un documentalista. Su estilo a veces roza lo experimental, tanto en la narrativa como en la puesta en escena. Temáticamente, le interesan las grandes conmociones políticas y sociales, especialmente las que han marcado la historia contemporánea de Rusia.

La escena parece sacada de la dramática realidad que ahora mismo se vive en Ucrania.

En Donbass, Lonznitsa vuelve a posar su mirada en Ucrania, después de que en Maidan se hubiera ocupado de los acontecimientos que tuvieron lugar en la famosa plaza de Kiev entre noviembre de 2013 y febrero de 2014. Esta segunda incursión pone el punto de mira en la guerra del Dombás, el conflicto armado que estalló en abril de 2014 en el este del país entre las fuerzas independentistas pro rusas y las gubernamentales. Es decir, a la causa —o la excusa— de la actual invasión rusa. Pero no esperes encontrar aquí una explicación de cómo se pudo pasar de una situación de inestabilidad política a otra de conflicto armado. Donbass te sitúa directamente en el ojo del huracán, sin preámbulos ni anestesia. Y sin discurso previo.

El periodista acusado de «fascista» también es una imagen de absoluta actualidad, dado que Rusia esgrime la supuesta «nazificación» de Ucrania como uno de los motivos de su intervención militar.

Lonznitsa recurre al lenguaje que mejor domina, de modo que podríamos hablar de un falso documental. Su estructura no es la típica lineal, con una trama única y entrelazada. Lo que hay son doce episodios independientes, más o menos inspirados en hechos reales y más o menos cruzados narrativamente. Sería más apropiado considerarlos viñetas de una sociedad degradada, donde la violencia, la corrupción, la desinformación y la manipulación propagandística sustituyen a la verdad y a la convivencia cívica. Un escenario donde la vida y la muerte penden de un hilo delgado e inestable. El ucraniano retrata este cuadro de miseria material y moral, no sin algún momento grotesco y de humor negro, en una especie de enfoque berlanguiano, pero carente de la piedad que el valenciano mostraba hacia sus criaturas. Por supuesto, en la elección de las situaciones subyace un posicionamiento personal, una toma de postura. Pero la expresa con una frialdad y un distanciamiento que descarta el melodrama. Técnicamente, se apoya en un interesante manejo de la cámara que incluye planos secuencia y un marcado sentido del paisaje.

El esperpento también tiene cabida en la película de Lonznitsa. Para muestra, la escena de la boda. Al fondo, bandera de Nueva Rusia, el proyecto de confederación de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk.

Rodada en localizaciones dentro de la misma Ucrania, Donbass fue coproducida internacionalmente entre este país, Alemania, Francia, Holanda y Rumanía. Cannes premió a su director en la sección «Un Certain Regard», que galardona a talentos y obras «originales y diferentes». Sorprendentemente, la respuesta de la taquilla también fue muy positiva, logrando multiplicar por treinta el modesto presupuesto de 2,5 millones de euros.

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